A medida que las grandes empresas lideran la transición hacia este paradigma sostenible, el desafío radica en involucrar a las pymes y concientizar a los consumidores sobre la importancia de reducir, reutilizar y reciclar.
La economía circular (EC) está arraigando en el panorama empresarial peruano. Aunque inicialmente ha sido impulsada por grandes corporaciones, su potencial para impactar a las pymes podría significar un giro trascendental en la sostenibilidad y productividad del país.
Uno de los hitos más notables hasta la fecha es la creación de regulaciones destinadas a promover este modelo. En el 2020, se estableció una hoja de ruta para el sector industrial. Esto fue seguido por la presentación pública, en noviembre pasado, del proyecto nacional «Hoja de Ruta hacia una Economía Circular» por parte del Ministerio del Ambiente (Minam), que abarca una amplia gama de actividades productivas. A esto se suma la formación de la Coalición Nacional de Economía Circular (CNEC), una alianza de 33 entidades públicas y privadas comprometidas con la implementación de la circularidad.
Pero, ¿qué implica realmente la economía circular? Contrariamente al modelo económico lineal actual, que se basa en la extracción, producción, consumo y desecho, la EC propone un enfoque de reciclaje y eficiencia en el uso de recursos. Mirtha Nazario, experta en Ingeniería Ambiental de la Universidad Científica del Sur, explicó que este paradigma busca minimizar los residuos y maximizar el aprovechamiento de la materia prima, representando un cambio completo en el sistema económico vigente.
Para Jean Pierre Seclen, jefe de Departamento Académico de Ciencias de la Gestión de la Pontificia Universidad Católica del Perú, las grandes empresas están liderando esta transición, especialmente en sectores como alimentación, minería, textiles y pesca, centrándose en la reutilización de residuos para crear nuevos productos. Sin embargo, María José Guzmán, de Resiter, destaca que la economía circular no se limita solo al reciclaje, sino que también implica el rediseño de empaques y el tratamiento de residuos orgánicos.
La implementación de este modelo promete beneficios significativos para Perú. Según un estudio de la OCDE, si se adoptara completamente para el 2030, se espera un aumento del 2,41% en el PBI y un 2,27% en el empleo. Además, se vislumbra un potencial transformador para las pymes, que representan más del 90% del tejido empresarial peruano.
Su adopción no solo representa una oportunidad económica, sino también un compromiso con las generaciones futuras y el planeta. No obstante, enfrenta desafíos importantes, como la concientización del consumidor y la necesidad de revisar la regulación actual para fomentar procesos circulares en sectores informales.